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martes, 11 de febrero de 2025

PENSAR MARGINALMENTE EL FÚTBOL

Pensar es distinguir, es discernir los elementos de la vida a los que se enfrenta una persona. Como toda actividad puesta en práctica, su ejercicio varía conforme a las circunstancias de cada hombre. Existen situaciones donde el pensar se manifiesta precozmente, como acontece en el relato Un niño piensa* del escritor español Camilo José Cela. En este cuento, el protagonista es un pequeño que está acostado en la cama mientras piensa en lo que rodea su alrededor. Sin que la anécdota nos aclare los años del personaje, podemos atestiguar que se trata de un menor de edad que se encuentra bajo el cuidado de su madre. La interrogante que despierta la historia es por qué un niño se ve obligado a pensar.

El cuento, sin embargo, no deja que divaguemos demasiado en la pregunta, ya que hallamos declaraciones del niño, en distintas partes de la historia, respecto del sufrimiento que aqueja al protagonista. No se manifiesta una causa concreta, se muestra el estado anímico del personaje que no quiere intercambiar las cobijas de su cama, por los harapos que ofrece el mundo exterior. Para que el chico lograse identificar qué le resulta agradable y qué no, primero tendría que clasificar las experiencias vividas y los efectos producidos por ellas. En este sentido, ¿podemos sugerir que un niño que es alegre, tenga tiempo para pensar? 

Consideramos que la respuesta a la pregunta planteada anteriormente, conforme a la interpretación que sostenemos, tiene mucho que ver con el lado adverso que se experimenta en la vida. Como un mecanismo de defensa, los que vivimos el mundo aprendemos a distinguir las cosas, principalmente aquellas que nos resultan amenazantes. No en pocas ocasiones, el sufrimiento deja su semilla en nosotros, uno de sus frutos es la división que hacemos de los elementos que conforman la realidad. Por tanto, lo que motiva al protagonista a pensar a muy temprana edad, lo podemos relacionar con el infortunio que le toca padecer. 

Sin embargo, de la historia se desprende que no todo es calamidad y dolor para el niño. Resaltan la comodidad de la cama, la rutina que vive con su madre durante las mañanas, el vaso de azúcar que contempla todos los días. El pensamiento suele nacer de la contrariedad, pero no es su único asidero. En la anécdota, el personaje principal comienza a distinguir lo que es benéfico para él y lo que no, lo que le produce alegría y lo que le causa tristeza; lo complejo que puede resultar una actividad como tocar el piano, en comparación con jugar al fútbol. Este deporte parece interesarle en cuanto que actividad destacada por sus compañeros de escuela, pero no como un gusto personal; ya que, la idea de que en dicho juego no se requiere mover todos los dedos para practicarlo luce definitiva para no prestarle atención. 

En pocas páginas, este relato presenta la historia de un niño que comienza a articular su pensamiento, como respuesta a las experiencias que imaginamos que debe padecer. Cómo nace la reflexión en un personaje de corta edad le otorga méritos al cuento, a la vez que nos deja algunas ideas para digerirlas posteriormente. Una de ellas, que quizá sea mejor el practicar al fútbol, que el mantenerlo en la cabeza mucho tiempo.  




Escrito por Carlos Ríos





* Relato contenido en el libro Cuentos para leer después del baño, cuarta edición. 

jueves, 23 de enero de 2025

LA GAMBETA O EL RECURSO DEL PÍCARO


Un rasgo frecuente en la narrativa literaria contemporánea es la aparición de la figura del antihéroe. Así se trate de obras de poca o larga extensión, los personajes incompatibles con un modelo de ejemplaridad tienen un lugar seguro en la fabulación de una ficción literaria. En este sentido, tomemos como ejemplo Puntero izquierdo, un pequeño cuento contenido en el libro de relatos Montevideanos de Mario Benedetti. En esta narración cabría emplear el apelativo de pícaro como modalidad del antihéroe. Esta delimitación se plantea por el contexto en el que se sitúa el cuento, una región marginal de la América hispánica. 

En este ambiente de precariedad nos encontramos con un personaje anónimo que habita la capital uruguaya, trabajador en una fábrica y jugador de fútbol. Debido a las mínimas condiciones económicas y sociales en que vive, el protagonista de Puntero izquierdo busca acomodarse a una mejor realidad recurriendo al fobal*. Para conseguir su propósito, un partido de final, en el que debe jugar erráticamente según un acuerdo efectuado con un directivo del equipo contrario, marcará el rumbo de la historia. El transcurso de una peripecia similar nos permite evocar Abril, en Río, en 1970*, un relato que tiene como protagonista a Zé, un jugador amateur* que busca deslumbrar a un cazatalentos que acude a un partido suyo para intentar cambiar de vida. Circunstancias precarias que definen una anécdota ligada a un partido de fútbol, pero en la que participan personajes de distinto talante. 

El relato ubicado en Brasil nos narra una situación agónica, el relato en Uruguay, no; en el primero hay una actuación franca, en el segundo hay contubernio entre el jugador y un directivo del equipo contrario. En tanto que la propia anécdota nos presenta que durante el partido decisivo, el extremo izquierdo rompe el pacto que lo obliga a jugar deficientemente, podemos entender que la historia del puntero versa sobre un pícaro. Un pillo que muestra habilidades para burlar a sus contrincantes en el terreno de juego ¿no se trata acaso de engañar al oponente, el mero hecho de emplear una gambeta?, pero que perderá los papeles en el momento crucial. La reprimenda del técnico, tras una jugada fallada a propósito por parte del protagonista, hará que nuestro pícaro se emplee a fondo para darle vuelta al insulto. Actitud que, por otro lado, las situaciones de la calle suelen requerir; ya que en ellas se recomienda siempre, el disponer del recurso más inmediato para salir lo mejor parado posible.

Sobre el final de la historia, podemos conocer cómo se descompone el pacto y la suerte del puntero izquierdo, no así la cama de hospital donde reposa. Esto lo sabemos desde el inicio del relato. Quién es el que nos cuenta la anécdota, lo tendremos que ir descubriendo línea a línea, pasando a través de ellas por giros y amagues, muy propios de un buen gambeteador. Sin embargo, el humor y la cualidad del acontecimiento nos inclinan a desearle al atacante montevideano, a pesar de sus pillerías, una pronta recuperación.  




Escrito por Carlos Ríos





*   Sinónimo de fútbol según el Diccionario Lunfardo.

*  Relato de Rubem Fonseca, publicado en 1975 en el libro Feliz Año Nuevo. Distan dieciséis años entre este cuento y el de Benedetti, que apareció en Montevideanos en 1959. 

*  Que trabaja como mensajero y juega fútbol en su tiempo libre, un aspecto compartido con el protagonista de Puntero Izquierdo, aunque la información del hispanohablante puede estar plagada de falsedades. 

lunes, 15 de julio de 2024

CUANDO EN EL JOGO BONITO SE MIRA A LA MONEDA Y NO AL BALÓN

Los amigos del comercio y la política suelen ir de la mano, con mayor o menor frecuencia. Esta alianza aparece como uno de los elementos del relato El juego del muerto, del escritor Rubem Fonseca. Una historia ambientada en la dictadura militar de Brasil que presenta a cuatro prósperos comerciantes que se dedican a incrementar su patrimonio a través de toda clase de apuestas. Ya sea mediante el juego de cartas, las carreras de autos y de caballos, los concursos de belleza o el fútbol; el grupo de comerciantes apuesta el dinero y el tiempo que poseen de sobra para entregarse al éxtasis de conseguir ganancias de manera aleatoria. Sin embargo, uno de ellos, Anísio, comenzará a perder de forma continua.

Exento el grupo de personajes de los apremios que implican la cobertura de las necesidades primordiales, su móvil principal es el lucro en las apuestas. Cualquier aspecto de la realidad que no esté relacionado con sus establecimientos comerciales o sus juegos, resulta irrelevante. En este tenor, debido a las pérdidas económicas que padece Anísio, es como nace “el juego del muerto”. El asunto consiste en especular cuál será el número de asesinatos que el Escuadrón de la Muerte realizará en un mes. Estas agrupaciones, surgidas en Iberoamérica durante las dictaduras del siglo XX, tenían como tarea principal el exterminio de la disidencia política. En principio, los intereses de uno y otro grupo se mantienen por distintos cauces.

El problema surge cuando Anísio, harto de ver cómo su suerte se eclipsa frente a la de sus compañeros, decide adulterar los resultados de su propio juego. Dueño de un bar en el que suele jugar a las cartas con los otros comerciantes, el alucinado propietario recurre a un cliente que se dice que es un miembro del Escuadrón de la Muerte. Dispuesto a lo que sea por dar vuelta a su situación, le pide al supuesto integrante la ejecución de una niña y de un comerciante, los improbables pronósticos a los que él ha apostado, a cambio de una remuneración. El asesino acepta y al preguntar si hay algún preferente en la lista, Anísio le da el nombre de Goncalves, uno de los colegas que participa en el juego del muerto.

El desenlace del relato no puede sino culminar en un acto de irónica violencia. Una funesta carcajada cierra la historia de un grupo de comerciantes que disponen de unas condiciones muy superiores a las que presentan otros personajes de la narrativa de Fonseca. Sin embargo, lejos de mostrar una mayor libertad para aprovechar los recursos con los que se cuentan, vemos que estos hombres de negocios se encuentran encadenados al ánimo especulativo y a la falta de ética que suele asociarse con dicho gremio. Siendo así el orden del relato, no importa que el Estado otorgue favores al comercio, en el juego del muerto no se deja intacto a ningún fuero.

 

 

 

            Escrito por Carlos Ríos

 

 

 


jueves, 23 de mayo de 2024

EL MANCO RODRÍGUEZ ¿UNO DE LOS PRIMEROS PENSADORES LITERARIOS DEL BALOMPIÉ MEXICANO?

La liga profesional del fútbol mexicano se estableció en 1943, torneo en el que comenzaron a competir equipos como Club España, Asturias, Atlante, América, Veracruz, Moctezuma, Atlas, Guadalajara, entre otros. La mayor parte de los clubes eran de la capital, por lo que las primeras ediciones de la competición se disputaron en el célebre estadio Parque Asturias. En esa década, debido a los conflictos bélicos suscitados principalmente en Europa, la Ciudad de México acogió a un gran número de inmigrantes de distintas nacionalidades, principalmente de origen hispano. Estas líneas generales nos servirán como telón de fondo para explicar el cuento El manco Rodríguez de Enrique Serna.

El fútbol no es un tema central en la obra cuentística de Enrique Serna, algunas apariciones esporádicas se pueden leer en El matadito o en La vanagloria, pero, donde aparece con un poco más de relieve es en El manco Rodríguez. Este relato nos narra el exilio de un español y su familia en la capital mexicana durante los años 40´s. Eusebio Rodríguez, un empleado de cine, dispone de tiempo libre para pensar en los enfrentamientos armados que provoca la Segunda Guerra Mundial en Europa, dispone de menos para observar lo que sucede en su entorno. Pese a que Eusebio, su esposa y su hija, viven una situación sanitaria y económica deficiente, sus condiciones les permiten llevar una vida común en la Ciudad de México.

En el trajín de sus actividades, podemos apreciar que Eusebio se encuentra acorralado por los sistemas de pensamiento que él ha adoptado, muchos de los cuales motivan a los hombres en Europa a despedazarse en los campos de batalla. El manco, que primero fue anarquista para luego pasar a las filas del marxismo, pero que también cree en los gobiernos republicanos y que asume ciertos presupuestos “naturales” del fascismo que tanto desprecia, vive en constante pugna con las interpretaciones que hace de su propia vida y de los demás. La mente de Eusebio es una trinchera en donde tienen cabida todo tipo de ideologías antagónicas, la experiencia del personaje puede entenderse como una muestra de lo acontecido en el Viejo Continente con los sistemas de pensamiento durante el siglo XX.

Y es que la proliferación de los sistemas de ideas y/o filosofías que florecieron desde el siglo dieciocho fue considerable. La mayor parte de ellos tienen como objetivo principal la interpretación de la vida del ser humano y aunque esta afirmación vale para cualquier conjunto de ideas que pretenda dar un sentido a la totalidad de la experiencia humana; en esta situación, hablamos de múltiples corrientes de pensamiento, surgidas durante la modernidad, que provocaron un caos absoluto en muchos de sus adeptos. El transfuguismo de Eusebio parece razonable a la luz de la gran incertidumbre que ocasionaron los sistemas de pensamiento de aquella época. No sólo conviven en él el anarquismo, el marxismo, el republicanismo y hasta el fascismo; también podemos observar a un español nacionalista con ideas apátridas, a un elemento indómito que defiende la instauración de un orden.

La anécdota del cuento presenta encontronazos a Eusebio, en un café con compatriotas y en un telegrama, que lo dejaran reflexionando sobre el estado en que se encuentra y en la viabilidad de persistir en ese extenuante ejercicio de interpretación con base en las ideas que adquirió en su vida previa al exilio. Finalmente, derrotadas las ideologías en la cabeza del protagonista, se vislumbra un renacer del personaje con mejores posibilidades que las ya vistas; sin embargo, la historia concluye con un camión de pasajeros lleno de aficionados atlantistas que se dirigen a la cancha para ver un partido contra el Club España. Eusebio, que gusta del fútbol y que mira el furor de los seguidores, levanta el brazo sano que tiene y grita “Arriba el Atlante” mientras interpreta que aquella pasión desbordada sólo puede entenderse como el amotinamiento de las razas ancestrales originarias contra el destino, traído al presente por esos desaforados azulgranas que agitan con fuerza las banderas de su equipo[1].

 

 

 

            Escrito por Carlos Ríos

 

 

 



[1] El relato menciona al delantero Isidro Lángara, un artillero español que jugó en la década de los 40’s en el Club España. Es uno de los máximos goleadores de la historia con más de 450 goles en partidos oficiales.

martes, 7 de mayo de 2024

EL ALUVIÓN DEL CLÁSICO ROSARINO CONTADO DESDE LA NARRATIVA IRÓNICA DE ROBERTO FONTANARROSA

                                    “Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así.”

 

En el mundo del fútbol es muy común la mención del escritor argentino Roberto Fontanarrosa como uno de los autores que dieron espacio al balón en su obra literaria. Son varios los relatos que “el Negro” dedicó al fútbol, en este artículo nos referiremos a 19 de diciembre de 1971, un cuento que tiene como telón de fondo el clásico rosarino. La anécdota de esta narración relata las peripecias de un grupo de fanáticos de Rosario Central por influir en el resultado del encuentro de copa que se llevará a cabo en la ciudad de Buenos Aires.

Como sucede con muchos partidos que aparecen en la literatura, el encontronazo entre Rosario Central y Newell’s Old Boys acaeció en la fecha que da título al relato, en la semifinal del Torneo Nacional de 1971. A dicho encuentro desean asistir un grupo de hinchas que no conciben la idea de una derrota de su equipo frente al Rojinegro en el estadio Monumental. Entre los personajes del círculo, todos ellos de Rosario Central, se instala la idea que recorre a todo aficionado que va a una cancha, aquélla que persuade al seguidor de que los actos de aliento que haga o deje de hacer[1], tendrán repercusión en el desarrollo del partido. Es así como esta creencia que albergan los personajes aumentará conforme avanza la historia.

La forma en que esta creencia se va afianzando en la vida de los personajes es una manera de mostrar la importancia y el lugar que el fútbol puede llegar a alcanzar en la realidad de esa parte del Cono Sur. El vehículo que la creencia de los personajes encuentra para imponerse poco a poco en el relato es la superstición, el poco fundamento de la idea sólo puede encontrar alojamiento en cábalas y ritos seculares. Una vez que los fanáticos han hallado el cauce para desarrollar el pensamiento que los une, la superstición irá imponiendo su poder conforme nos adentramos en la anécdota. Es en este punto en donde el narrador, Miguelito, el Colorado y el Valija se ponen a recordar y a analizar cuál es el amuleto con mayor fuerza para llevarlo a la cancha el día del partido.

Al igual que una corriente fluvial que se sale de control, la superchería comienza a relacionarse con aspectos cotidianos de los personajes, aspectos que podrían desviar o detener el curso de la acción pero que sin embargo van a perder terreno. La ley, la estabilidad social, la salud, los grados de interacción y confianza, la verdad, la ecuanimidad, el trabajo, la inteligencia y la vida del ser humano son esos aspectos que rodean el plan de los hinchas, pero que no causan una reflexión en el actuar de ellos. El hecho crucial que detona la superstición es el artilugio llevado a cabo para trasladar al viejo Casale, un seguidor de Rosario Central que nunca ha visto perder al equipo, a la cancha de River Plate. Los fanáticos encontraron su talismán y, aun en contra de lo deseado por aquel señor, se lo llevaron en un ómnibus con dirección a Buenos Aires.

La trayectoria que sigue la siniestra acción realizada por los personajes se mezcla con lo cómico que resulta un plan tan disparatado que se ejecuta y funciona a la perfección. Las ironías del relato no quedarán excluidas del desenlace que, a pesar de concluir con una victoria del cuadro canalla, desembocará en una desgracia. Sentidos opuestos se tejen en un cuento que objetiva el sentimiento radical de los aficionados al fútbol, aquel sitio plagado de fantasías que el pensamiento muchas veces no logra controlar. La marea de la pasión futbolera cimbra las bases que permiten la vida en común dentro de una sociedad, en este caso de la argentina, las cuales pueden ser más o menos vulnerables ante el más o menos impredecible aluvión de estímulos sensoriales de los seguidores. Dicho lo anterior, no sorprende que el propio Fontanarrosa ponga en boca de uno de sus personajes que los más jóvenes le van al equipo que gana, aunque esto también puede ser una ironía más.

 

            PD: Entre los jugadores que salen como personajes, se menciona al Flaco Menotti y su estupenda actuación en la saga central de Rosario. Hoy no nos queda más que rendirle un breve homenaje a un hombre que cambió el fútbol. Descansa en paz, Flaco.

 

            Escrito por Carlos Ríos

 

 

 

 


[1] El aliento (aguante) lo definimos como todo acto de los aficionados que se limita espacialmente a la tribuna de un campo de fútbol, el cual puede consistir en cánticos, insultos, gritos o cábalas de diversa índole.

jueves, 18 de abril de 2024

EL UNIFORME Y LOS BOTINES DE FÚTBOL

El uniforme y los botines de fútbol son todo lo que tiene Zé, el protagonista de Abril, en Rio, en 1970. El cuento de Rubem Fonseca termina así, pero cuando la historia comienza con un mediocampista que entrena para el partido del domingo nos damos cuenta que el personaje no dispone de muchas oportunidades, quizá ésa es la razón por la que pisa el terreno de juego. Un comentario respecto a los tipos de escupitajos y su relación con la forma física de los futbolistas, así como las condiciones materiales que Zé observa en jóvenes que juegan polo, se vuelven una obsesión para el protagonista que fantasea con hacer un partido extraordinario para llamar la atención de Jair Rossa Pinto[1], una persona vinculada al club carioca Madureira. 

Sin embargo, el joven mediocampista, que tiene un empleo como mensajero y una novia llamada Nely, se la pasa alucinando sobre todo aquello que pudiera llegar a tener si fuera un jugador profesional, incluso seleccionado nacional. Nely percibe el estado de encantamiento en que se encuentra su novio durante la comida, ya que sus macarrones se acabaron rápidamente sin recibir una respuesta satisfactoria por parte de Zé. El extrañamiento de la novia se perfeccionó cuando el futbolista le dijo que ese día no podía quedarse a dormir con ella, entonces vinieron los reclamos “vas a encontrarte con otra mujer”. Para ella no había otra explicación, y las mentiras y la poca habilidad de comunicación de su novio no cambiaron su manera de pensar. Ante la consumación de la desatención sexual y afectiva hacia Nely, los insultos acompañaron a Zé cuando se marchó del lugar.

Llegó el domingo, un joven huérfano de dieciocho años de edad amanecía intacto en su condición física para el partido, aunque de por medio estuviera la pérdida de su relación con su novia Nely. Ese día de juego, Zé apostó todo por conseguir un lugar en un equipo profesional de Brasil, el sueño le duró 45 minutos. Un sueño que preservó de algún modo la esperanza de ser seleccionado, pero que por el transcurso angustioso del encuentro no auguraba un buen desenlace. Y así sucedió, los goles no tardaron en llegar. El partido se consumía mientras que la derrota del cuadro de nuestro personaje tomaba forma. Al final, uno de los jugadores que burló la marca de Zé y sobresalió en el mediocampo, se acercó a hablar con una persona del público. El protagonista prefirió meterse en el vestuario.

El final del relato se comprende en el título, la peripecia de Zé nos muestra la ascensión social que el fútbol le ofrece desde hace décadas a los miles de jóvenes brasileños. El precio de seguir a línea de fondo la búsqueda de una oportunidad en un equipo puede ser muy alto, incluso cuando son escasas las opciones de las que se disponen. Este cuento nos narra esa ilusión llamada fútbol que recorre las cabezas de multitudes de jóvenes que, en muchos casos, no se pueden permitir el lujo de pensar más allá del día a día.

 

 

 

            Autor: Carlos Ríos

 

 

 



[1] Jair Rossa Pinto fue un mediocampista brasileño multicampeón con equipos como Vasco da Gama, Palmeiras y Santos, durante los años 40´s y 50´s.

El relato también hace mención de jugadores de la época como Jairzinho, Paulo César, Clodoaldo, Pelé y Didí.

lunes, 1 de enero de 2024

UNA CHARLA SOBRE LOS DELANTEROS QUE LE GUSTAN A LA POLICÍA JUDICIAL

 
El fútbol suele ser un tema recurrente dentro de las conversaciones cotidianas, incluso suele llegar a ser tema entre diálogos que mantienen personajes ficticios. Esta intromisión del fútbol aparece con cierta regularidad en los cuentos del escritor Guillermo Arriaga como un elemento que permite un grado de interacción entre algunos de sus personajes. Si bien aparecen menciones a este deporte en muchos de los relatos reunidos en Retorno 201, es en Trilogía donde el juego de la pelota se integra brevemente en la anécdota del cuento.

La anécdota del relato versa sobre un trío de policías judiciales que viajan por la noche en una patrulla en busca de transeúntes a los cuales detener para posteriormente sembrarles droga y extorsionarlos, exigiendo dinero a cambio de su libertad. Esta unidad se encuentra al principio de la historia con Óscar, un peatón que camina solo por las calles del Oriente de la Ciudad de México. Los uniformados lo abordan y, al no recibir respuesta, descienden del automóvil para detener a la que será su próxima víctima. Proceden con su rutina y al no tener Óscar más que 50 pesos, lo suben a la patrulla. Mientras viajan, los judiciales intimidan física y verbalmente al detenido, lo sujetan a actos crueles y denigrantes, principalmente por parte del conductor y cabecilla apodado como el Matasanos.

Transcurre el viacrucis nocturno de Óscar y, en tanto se decide su suerte, los otros dos judiciales comienzan a hablar de fútbol: discuten sobre quién fue mejor delantero, Enrique Borja[1] o Hugo Sánchez[2]. Como el detenido conoce del asunto, se suma a la conversación y aminora la tensión que impera en la unidad. Uno de los policías conocido como el Carnes le pregunta a Óscar que cuál es su equipo, a lo que contesta este último que al Atlante. La respuesta provoca cierta emoción en el interrogante, ya que él también es un seguidor azulgrana. Esta circunstancia, el charlar sobre fútbol, le permite a Óscar cierta cercanía con sus interlocutores, así como granjear un poco de su simpatía. No ocurre lo mismo con quien toma las decisiones en la unidad, al cual le importa nada lo que discuten los otros tres. En las manos de él, del Matasanos, está el continuar con los maltratos al detenido o proceder a su ejecución, como aconteció con otros sujetos que no contaban con el dinero suficiente,

Trilogía, el cuento en cuestión, expone las características del ambiente que rodea la mayoría de los relatos contenidos en Retorno 201: un entorno social que alberga situaciones comunes que ponen en vulnerabilidad a determinados personajes. Este desamparo lo podemos enlazar a una tradición de la literatura hispanoamericana que expone la ausencia de estructuras para ordenar la vida en esta parte del mundo. Los cuentos de Guillermo Arriaga reflejan la persistencia de la precariedad del poblador de la América de la frontera sur en nuestros días, como en su momento la expusieron escritores como Horacio Quiroga, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, por mencionar algunos nombres. Esta condición se pone de manifiesto en varias de las historias, con el agravante que implica la presencia de figuras que revisten un grado de responsabilidad y de protección frente a otros personajes, pero que en la narrativa de Arriaga actúan negligentemente en perjuicio de quienes están bajo su cuidado. Tal es el caso de padres, madres, esposos, profesores, familiares, médicos, policías judiciales, etc. Ante esta realidad, gran parte de los relatos presentan desenlaces fatídicos que muestran la crudeza de habitar geografías que carecen de las estructuras necesarias para garantizar un orden que posibilite un desarrollo menos áspero de la vida.

 

 

 

            Autor: Carlos Ríos

 

 

 

 


[1] Enrique Borja es un exdelantero mexicano que jugó en Pumas y América durante los 60’s y 70’s. Es considerado como uno de los mejores centrodelanteros del fútbol azteca, además de goleador y referente histórico del Club América, conjunto con el que conquistó dos ligas nacionales, una Copa México, un Campeón de Campeones y una Copa de Campeones de la CONCACAF.

[2] Hugo Sánchez es un exdelantero y técnico mexicano que jugó en Pumas, Atlético y Real de Madrid, América, Rayo Vallecano, Atlante, entre otros equipos. Es considerado la máxima gloria del fútbol azteca debido a su notable trayectoria como atacante en Europa, consiguió el título de goleo en cinco ocasiones en la liga española, y por sus destacadas condiciones como centrodelantero. Fue campeón de liga con Pumas, Real Madrid y Linzer A.S.K; de la Copa del Rey con los colchoneros y los merengues, además de que conquistó diversos títulos internacionales con distintos clubes.

jueves, 23 de marzo de 2023

LA PASIÓN FUTBOLERA DE MIGUEL HERNÁNDEZ: ENTRE LA EXALTACIÓN Y EL LAMENTO

En unos días se cumplirá otro aniversario luctuoso del poeta valenciano Miguel Hernández. Le bastaron 31 años al hombre del rayo que no cesa para escribir su nombre para siempre en las letras hispánicas. Su obra y su historia personal han provocado a lectores y críticos, el intercambio entre una y otra se ha señalado en estudios relativos a él, pero la faceta del poeta Miguel Hernández, amante del fútbol, que se filtró tanto en sus composiciones como en su vida, es quizá menos recordada. Tal vez por la brevedad de la pelota en su obra, o tal vez porque este deporte fue un interés de juventud, lo cierto es que la cancha y el balón pasaron gustosamente por los pies y por las manos del poeta de Orihuela.

Sabemos algunos pormenores de Miguel Hernández y el fútbol, como que jugaba en un equipo que él y otros vecinos de su localidad fundaron, este equipo se llamaba la “Repartiora”[1], él se desempeñaba por la banda derecha como medio ofensivo y compuso el himno para el cuadro del que formaba parte[2]:

 

Vencedora surgirá,

porque lo ha mandado el “Pá”,

la terrible y colosal Repartiora.

Por las calles marchará

y el buen vino beberá

porque siempre victoriosa surgirá.

En la tasca habrá de ver

la ilusión con que al vencer

mostrará siempre en su cara lisonjera.

Todo el mundo la verá

bulliciosa y “descará”

porque siempre surgirá.

Grande es la triunfal defensa,

el Rosendo y el Manolé,

Pepe, Paco y el Botella,

todos formidables, saben convencer.

Ya la Repartiora

vence con gran poder,

mientras que el otro llora

por no poder vencer.

Salta ya Paná,

brilla el moscatel,

que el vinillo está

que parece miel.

Ya venció la Repartiora,

su canción cantando va.

Surge clara y triunfadora

con su voz sonora

ya casi “apagá”.

 

El carácter triunfal, propio en un himno, se lee en los vinos que parecen miel, en las toscas que aguardan a los jugadores oriolanos que acompañan a Miguel Hernández, en las calles que soportan la marcha de la avasallante “Repartiora”… Sin embargo, el incipiente poeta no se conforma con escribir el himno del equipo y compone una canción para sus rivales más inmediatos, los Yankes y el Iberia.

 

NI EL IBERIA NI LOS YANKES

 

 

Nadie

desde ahora en adelante,

ni el “Iberia” ni los “Yankes”

ni con sus líneas de ataque

han de poder combatiros

ni el Orihuela F. C.

¡Hurra!

Hurra los repartidores,

los mayores jugadores,

además de bebedores,

en Madrid como en Dolores,

en el campo ha visto usted.

Tráiganos ya,

para chutar

y “pa” marcar

el primer gol.

Nuestra delantera,

corta el bacalao.

Hay un medio centro

que no está jugaó.

Para hacerlo bien

hay un interior

que en combinación

marca el primer gol.

¡Anda que te zurzan

ese calcetín,

que por la rotura

te vas a salir!

Tú eres “Yankes”, para mí,

un suspiro en pantalón

y tú vas,

detrás de mí,

para chutar y marcar

el gol.

¡Anda que te zurzan

ese calcetín,

que por la rotura

te vas a salir!

El entusiasmo y la confianza se reflejan en la composición, así como la provocación a los contrincantes de la “Repartiora”. Un mismo tono de triunfo comparten tanto el himno del equipo del joven Miguel Hernández como Ni el Iberia ni los Yankes. Su involucramiento en el juego físico y en las letras de su escuadra dejan en claro su sentir y su emoción al fútbol. Sin embargo, no todos sus escritos tuvieron palabras de festejo para el juego de la pelota.

En 1931, el torero más valiente compuso la Elegía al guardameta, un poema inspirado en un accidente que sufrió el arquero del Orihuela CF Manuel “Lolo” Soler[3]. A pesar de que en la jugada real, el futbolista no falleció, en la literatura su participación en el juego sí terminó por ocasionar su muerte. Aunque en el poema podemos leer versos de ímpetu como “te sorprendió el fotógrafo el momento / más bello de tu historia / deportiva…”, el aspecto funesto del accidente aparece una y otra vez explícitamente, mientras la ausencia se va solidificando a cada paso dado por uno hacia la portería del guardavalla caído, hacia el vacío que deja el término de un héroe cuando la lectura llega al punto final.

 

ELEGÍA AL GUARDAMETA

 

                         A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela.

 

Tu grillo, por tus labios promotores,

de plata compostura,

árbitro, domador de jugadores,

director de bravura,

¿no silbará la muerte por ventura?

 

En el alpiste verde de sosiego,

de tiza galonado

para siempre quedó fuera del juego

sampedro, el apostado

en su puerta de cáñamo anudado.

 

Goles para enredar en sí, derrotas,

¿no la mundial moscarda?

que zumba por la punta de las botas,

ante su red aguarda

la portería aún, araña parda.

 

Entre las trabas que prendió la meta

de una esquina a otra esquina,

por su sexo al balón, a su bragueta

asomado, se arruina,

su redondez airosamente orina.

 

Delación de las faltas, mensajeras

de colores, plurales,

amparador del aire en vivos cueros,

en tu campo, imparciales,

agitaron de córner las señales.

 

Ante tu puerta se formó un tumulto

de breves pantalones

donde bailan los príapos su bulto

sin otros eslabones

que los de sus esclavas relaciones.

 

Combinada la brisa en su envoltura

bien, y mejor chutada,

la esfera terrenal de su figura

¡cómo! fue interceptada

por lo pez y fugaz de tu estirada.

 

Te sorprendió el fotógrafo el momento

más bello de tu historia

deportiva, tumbándote en el viento

para evitar victoria,

y un ventalle de palmas te aireó gloria.

 

Y te quedaste en la fotografía,

a un metro del alpiste,

con tu vida mejor en vilo, en vía

ya de tu muerte triste,

sin coger el balón que ya cogiste.

 

Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto tino!

y efecto, tu cabeza

dio al poste. Como un sexo femenino,

abrió la ligereza

del golpe una granada de tristeza.

 

Aplaudieron tu fin por tu jugada.

Tu gorra, sin visera,

de tu manida testa fue lanzada,

como oreja tercera,

al área que a tus pasos fue frontera.

 

Te arrancaron cogido por la punta,

el cabello del guante,

si inofensiva garra, ya difunta,

zarpa que a lo elegante

corroboraba tu actitud rampante.

 

¡Ay fiera! en tu jauleón medio de lino

se eliminó tu vida.

Nunca más, eficaz como un camino,

harás una salida

interrumpiendo el baile apolonida.

 

Inflamado en amor por los balones

sin mano que lo imante,

no implicarás su viento a tus riñones,

como un seno ambulante

escapado a los senos de tu amante.

 

Ya no pones obstáculos de mano

al ímpetu, a la bota

en los que el gol avanza. Pide en vano,

tu equipo en la derrota,

tus bien brincados saques de pelota.

 

A los penaltys que tan bien parabas

acechando tu acierto,

nadie más que la red le pone trabas,

porque nadie ha cubierto

el sitio, vivo, que has dejado, muerto.

 

El marcador, al número contrario,

le acumula en la frente

su sangre negra. Y ve el extraordinario,

el sampedro suplente,

vacío que dejó tu estilo ausente.

 

 

 

            Autor: Carlos Ríos

 

 

 

 


[1] AS: https://as.com/tikitakas/2017/03/28/portada/1490713413_146339.html

[2] Levante, El Mercantil Valenciano: https://www.levante-emv.com/deportes/2010/03/13/poeta-pastor-futbolista-13161328.html

[3] Revista Líbero: https://revistalibero.com/blogs/contenidos/el-barbacha-miguel-hernandez