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domingo, 6 de marzo de 2022

AQUEL QUE NO CONOCE LA HISTORIA, ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA

El 29 de mayo de 1985 se celebró la final (sí, la final) de la ahora Champions League entre el Liverpool y la Juventus. La confrontación en las gradas de los seguidores de ambos equipos dejó un saldo de 39 muertos y 600 heridos.

El 15 de abril de 1989 se celebró la semifinal de la FA Cup entre el Liverpool (más coincidencia que condenación) y el Nottingham Forest. El sobrecupo conllevó a una avalancha humana que provocó 97 muertes y 766 heridos.

El 5 de marzo de 2022 se celebró un partido de Liga MX, jornada 9, entre Querétaro y Atlas. Todos pudieron ver en la televisión una confrontación entre barristas de ambos equipos. Las redes sociales están inundadas de imágenes del resultado de un disturbio masivo. Oficialmente, veintiséis heridos; extraoficialmente, se dijo que había entre diecisiete y veinticinco muertos y muchos más heridos.

No es el primer incidente de violencia relacionado con el fútbol, varios se han dado y han estado muchos equipos involucrados, incluyendo a los llamados “grandes”. La sanción más enérgica que se recuerda contra un equipo mexicano por incidentes de violencia no vino de la FMF, vino de parte de la CONMEBOL, después del partido entre Sao Caetano y América por la Copa Libertadores (el de la carretilla). Tres partidos a puerta cerrada para encuentros de CONMEBOL, 50 mil dólares de multa y, por parte del Gobierno de la Ciudad de México, un partido a puerta cerrada.

Los aficionados regios se enfrentaron a las afueras del estadio en 2017. La sanción fue un partido a puerta cerrada y una multa. Un año después un aficionado de uno de los equipos de Monterrey es apuñalado por otro antes del inicio de un partido.

La afición de Querétaro ya había protagonizado un incidente similar al de ayer contra el Cruz Azul. Un partido de veto y una multa de 170 mil pesos al equipo de la Noria por no garantizar la seguridad en el estadio.

El 23 de octubre de 2019, nuevamente la afición de Querétaro se vio involucrada en casi una calca del episodio de ayer contra la afición del San Luis. La sanción fue de dos partidos y alrededor de 500 mil pesos para los potosinos.

Y hay más incidentes, pero estos han sido los más sonados en los últimos años. Ninguno había escalado hasta este punto.

Muchos pueden estigmatizar a los seguidores de un equipo, que si los de color dorado, los rayados, los amarillos, los azules, los rojiblancos, los verdes, son los más violentos. Aficionados de todos los equipos pueden verse envueltos en episodios como estos, los provoque quien los provoque. Algo que examinó la autoridad inglesa, a partir de dos de las tragedias más sonadas del fútbol mundial, fue justamente eso, sin importar qué tipo de afición fuera, su tarea era proteger a la población y disuadir a la violencia que podía generarse entre aficionados. Un tema que concluyeron los reportes de investigación de las tragedias en Inglaterra, como un gran factor del por qué sucedieron estas, fue la falta de garantías en la seguridad de los estadios, tanto en personal como en infraestructura.



Numerosas leyes y reformas se promulgaron por parte de las autoridades inglesas, con miras a erradicar los conflictos entre aficionados y mejorar la seguridad de los estadios. Algunas de las medidas que se tomaron fueron las siguientes:

  

-       Establecer una base de datos con infractores, identificándolos por nivel de peligrosidad.


 

-    Establecimiento de sanciones penales por actos de aficionados. Esto incluye actividades como realizar cantos discriminatorios, portar pirotecnia, lanzar proyectiles o invadir la cancha, entre otros. De acuerdo con su legislación, la infracción puede darse con anterioridad al partido, incluyendo el trayecto hacia los estadios o varias horas antes.



-  Control de alcohol en eventos deportivos, incluyendo la prohibición de ingresar intoxicado a los estadios.



-  Prohibición de entrada a estadios a infractores, extensible para asistir a partidos internacionales, incluyendo la confiscación del pasaporte cinco días antes de la fecha de un encuentro internacional. La duración de esta prohibición de entrada puede ser de hasta diez años. Su violación puede ser sancionada con prisión.



-   Detención policial durante la celebración de un partido. Como medida extrema, los seguidores considerados de gran peligrosidad o que se sospecha que pueden causar disturbios por su historial pueden ser puestos en custodia policial por un periodo de entre dos y seis horas previo o durante la celebración del partido.



-   Medidas de control obligatorias para garantizar la seguridad de los estadios, las cuales son certificadas por parte de cuerpos estatales creados con esta única función. Esto tomando en cuenta la dimensión del fútbol en Inglaterra (aunque por algo existen las Direcciones de Protección Civil y Reglamentos de Eventos Públicos en los estados, junto con las Secretarías de Seguridad Pública, que deberían tener funciones de prevención, no solo de sanción, pero solo hablo por hablar).



-    Prohibición contra la reventa, incluyendo sanciones administrativas y multas, así como la dureza en su implementación. Esto con el fin de evitar que aficionados o grupos vetados puedan ingresar al estadio a partir de comprar boletos por canales no oficiales. 



Por parte de los clubes, una de las medidas que se implementó fue la creación de un grupo de animación oficial. Para su admisión a este grupo de apoyo, los solicitantes deben proporcionar su información de contacto y cartas de no antecedentes penales.

Algunos otros países de Europa han retomado en mayor o menor medida algunas de las soluciones legales establecidas por Inglaterra. Para México, surgen más dudas que respuestas. ¿Son suficientes las sanciones por parte de la Federación Mexicana de Fútbol? ¿Hay esfuerzos suficientes por agentes estatales para erradicar la violencia en eventos deportivos? En el contexto mexicano, y tomando en cuenta la cultura de la legalidad y el estado de derecho que prevalece, ¿es posible implementar algunas de estas medidas?

Para terminar, un antecedente: en 2015 y 2018, el gobierno de Grecia decidió suspender el campeonato por incidentes de violencia de sus aficionados, y en 2016 canceló la Copa Griega por lo mismo. Ojo. 

Las tragedias pueden prevenirse. Podían...

 

 

 

            Escrito por Enrique Macedo

 

 

 

 

martes, 6 de abril de 2021

LOS DÍAS SIN PRISA: EL INTER Y LA REVOLUCIÓN ZAPATISTA

Corría el verano de 2004 en Chiapas, un estado ubicado en el sur de México. Para la entidad no era un año cualquiera, ya que se cumplía el aniversario del levantamiento rebelde del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Precisamente, 10 años antes, con motivo de la entrada en vigencia, el 1 de enero de 1994, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un grupo de insurgentes, en su mayoría originarios, exhibían la contracara del discurso oficial del estado mexicano, ese que decía que nuestro país se encontraba en la antesala, a tan sólo un paso, del tan anhelado primer mundo. Previo a ese verano, en abril de 2004, varios altercados entre autoridades municipales y pobladores del municipio de Zinacantán, gobernado por el EZLN, provocaron el desabasto de agua potable para los habitantes; quizá debido a esa o a alguna otra razón que desconocemos, el Inter de Milán decidió arribar a tierras chiapanecas en ese año para entablar una relación de amistad con las comunidades autónomas zapatistas. La iniciativa de apoyo surgió del capitán del equipo, el legendario Puppi Zanetti, quien solicitó a la directiva que visitase las poblaciones indígenas en el estado sureño. La comitiva italiana nerazzurri, encabezada por el director organizativo Bruno Bartolozzi, llegó a Larráinzar, Chiapas con playeras, balones, zapatos para jugar fútbol y un donativo de 5000 euros que el club obtuvo por concepto de multas, por llegadas extemporáneas o uso de celulares en los entrenamientos, aplicadas a los jugadores del primer equipo. Este acercamiento entre el movimiento político-social zapatista y uno de los equipos más grandes del fútbol internacional forjará un vínculo inédito dentro del mundo del deporte, el cual se nutrirá de más ocasiones dignas de ser contadas.

El año siguiente a la visita de la comitiva del Inter en tierras mexicanas, el entonces subcomandante Marcos envió una carta para el presidente del equipo, Massimo Moratti, invitándolo a un encuentro entre el club y el seleccionado zapatista de fútbol. En un primer momento, el dirigente nerazzurri aceptó cordialmente la invitación al responder públicamente que “cada revolución comienza en la propia área de penalti y finaliza en la puerta adversaria”, incluso el propio Javier Zanetti llegó a decir en los medios de comunicación que no tenía problema en disputar el encuentro, “estoy dispuesto a ir a jugar a México”. A la aceptación por parte de Moratti y Zanetti correspondió una segunda carta de Marcos en la cual sugería la celebración de una serie de partidos que podrían “revolucionar al balompié mundial”. En ella se detallan pormenores fantásticos como la invitación a Diego Armando Maradona para ser el juez central de los partidos, la participación de Javier Aguirre y de Jorge Valdano como abanderados, así como la colaboración como cuarto árbitro de Sócrates, el mítico mediocampista brasileño; en cuanto a la narración, la carta se refiere a solicitar la intervención de Mario Benedetti y de Eduardo Galeano para llevar, a través de su palabra, los hechos de los encuentros en el idioma español, en la versión italiana se piensa en Gianni Miná y en Pedro Luis Sullo. El tono humorístico en que se escribe y la alusión a un sinfín de situaciones caóticas y personajes pintorescos permite intuir que el líder zapatista no pensó realmente en celebrar los partidos; más bien, extendió un brazo fraternal a la institución deportiva y un agradecimiento por los contactos establecidos, pero incrustó con cierto sigilo algunas cuestiones sociales que provocaban preocupación en esos momentos. Con el ingenio que caracteriza los escritos y discursos de Marcos, la inquietud por saber qué hacer con los ingresos obtenidos por los encuentros, le permitió al mismo poner el ojo en los indígenas desplazados por paramilitares en los Altos de Chiapas, los jóvenes altermundistas encarcelados y los presos políticos, los migrantes latinos en Estados Unidos y los migrantes de diferentes nacionalidades en la Unión Europea, la situación de Cuba y Guantánamo, entre otro tipo de situaciones.

Finalmente, a pesar de la expectativa y atención de los medios de comunicación en América Latina y Europa, los encuentros no se llevaron a cabo. Pero eso no significó que el vínculo entre el Inter de Milán y las comunidades zapatistas se esfumase. En 2011, posterior a aquel intercambio epistolar entre Moratti y Marcos, integrantes del club italiano visitaron Chiapas como parte de una serie de viajes que emprendieron a lo largo de México, ya que Inter Campus cuenta con 3 sedes en el país: una en el estado de Querétaro, otra en la Ciudad de México y otra más en el estado de Guanajuato. Inter Campus es un proyecto social sin fines lucro, fundado por el propio Moratti en 1996 para dar asistencia a niños de comunidades con escasos recursos y a brindar programas de desarrollo y crecimiento a las poblaciones alrededor del mundo. Durante ese año, la comitiva interista visitó la sede en Querétaro y la sede de la capital, y terminó su recorrido en San Cristóbal de las Casas. Al año siguiente, una delegación estuvo 4 días en los municipios chiapanecos de Ocosingo y Altamirano con cerca de 220 niños tzeltales y tojolabales. Lo anecdótico de ese convivio fue la altísima participación de niñas, ya que, en palabras de los relatores, “muchas han querido ponerse por primera vez en su vida pantalones cortos, sustituyendo la tradicional falda. Los colores nerazzurri, mezclados con los de sus vestidos milenarios, han colorido el escenario”.  Una interacción posterior se dio en 2015, en esa visita al Caracol, Torbellino de Nuestras Palabras, participaron entrenadores de los 3 centros nacionales y personal italiano; la cita concentró a 310 infantes y duró 3 días. Como en cada una de ellas, algún acontecimiento aparentemente cotidiano despertó profundas emociones en propios y en extraños; uno de los relatores diría de esos días “metidos de lleno en la cultura chiapaneca, los días pasan sin necesidad de prisa, marcados por los pitidos de los comisionados de educación, que reunían a los educadores y a los alumnos en el centro del campo”.

La experiencia zapatista del Inter de Milán nos deja ver lo inesperado de un cruce entre 2 entidades aparentemente ajenas entre sí, 2 discursos que se mezclan para hacer una narrativa que reescribe fragmentos de lucha revolucionaria y de fraternidad humana. Existen, inmersas en aquellas letras bordadas con el sudor de las manos mexicanas, partículas que, si llegaran a mostrarse, quizá podrían detener el frenesí y la saturación con que vivimos las personas todos los días; existen también aquellos pequeños espacios de incertidumbre, agujeros semánticos que habitan las palabras que pronunciamos, y que de vez en cuando se aparecen viviendo tan naturalmente la misma realidad que vivimos nosotros. La aspiración del equipo italiano, esa que le permite mirar con los ojos de la imaginación, reside en establecer un mundo sin globalización, un mundo sin fronteras y enriquecido por las diferencias culturales y las costumbres de todos los pueblos. Es en el juego del fútbol en donde convergen las cartas de Marcos y de Moratti, en donde se abrazan los ideales de lucha y autonomía zapatista con los ideales de diversidad y fraternidad interista. Como dice una de las manifestaciones vivas y escritas, grabadas en uno de los múltiples relatos de convivencia entre zapatistas y nerazzurris “el deporte es vital aquí en las montañas y el fútbol no sólo es una disciplina deportiva, sino también una forma de vida, una filosofía que va más allá del campo: la unidad, la humildad, el desinterés, la amistad, el coraje, la generosidad y el respeto a tus compañeros de equipo son algunos de los principios fundamentales. Aquí el equipo y el grupo es más importante que los individuos”.



 

 

        Escrito por Carlos Ríos

 

 

 

martes, 9 de febrero de 2021

EL RACISMO EN EL FÚTBOL ITALIANO

Benvenuti in Italia Africani, Lavatevi! es una de las frases de guerra que suelen utilizar los grupos de animación de algunos equipos italianos, en particular, de los clubes ubicados al norte del país. Si bien es cierto que las expresiones de racismo las podemos encontrar en cualquier terreno futbolero de cualquier parte del mundo, en Italia ocurre una situación un tanto inusual. Es común que los grupos de fanáticos de este deporte estén emparentados con una causa o movimiento social, un partido político, una ideología, etc. También es bastante frecuente en esta clase de seguidores el arraigo y la exaltación de lo propio frente a lo desconocido: los rasgos físicos de la población, las tradiciones y las prácticas recurrentes, las creencias de índole diversa, los valores locales, entre muchas otras cosas. Sin embargo, para el tifosi son muy marcadas las tendencias que nutren su afición al fútbol. En este sentido podemos hablar de las más patentes en las gradas de un estadio: el racismo, la afiliación política y la pertenencia al bloque Norte-Sur del país. El fanático italiano se encuentra en un escenario mítico que antecede las llamas de la ira, la inconsciencia y la violencia; se haya en una encrucijada esperando que el león, la loba, el leopardo o cualquiera de ellos en su conjunto, le susurren al oído los dulces y embriagadores cánticos que inscriben en sus pancartas y banderas.

El emparejamiento entre el amor al fútbol, con cualquier otra afición o simpatía, suele suceder con mucha más frecuencia de lo que solemos pensar. La cuestión aquí es hasta dónde estamos dispuestos a afirmar nuestro mundo frente al mundo de los demás. En los últimos años se ha hecho mucho hincapié, principalmente en los medios de comunicación, de las confrontaciones entre los jugadores de raza negra y las agrupaciones fanáticas italianas. Futbolistas como Romelu Lukaku, Kalidou Koulibaly, Kevin Prince Boateng, Sulley Muntari, Franck Kessié, Dalbert Henrique, Ronaldo Vieira, Moise Kean, Mario Balotelli; entre muchísimos otros jugadores que han sido hostigados en los partidos más recientes del campeonato italiano, son algunos de los ejemplos. Pero más que una confrontación, lo que acontece, en los campos de juego de la Serie A, son actos de rebeldía frente a la opresión que empuja y grita contra el jugador que no reviste los lineamientos apropiados del tifosi. Desgraciadamente, el problema del racismo en Italia no es una secuencia de sucesos desafortunados que se miran en el presente; también en años anteriores podemos observar la ofensiva dirigida a los jugadores de color que defendieron la playera de los conjuntos latinos.

Un caso emblemático ocurrió en un encuentro disputado entre el Treviso y el Genoa en la división de ascenso. Transcurrían las últimas jornadas de la Serie B y la perdida de la categoría del Treviso parecía inevitable, pero a pesar de eso, el técnico de aquel club no dejaba de tener confianza en sus dirigidos. Es con esa seguridad y confianza con la que decide debutar a un juvenil que llevaba 2 años en las divisiones inferiores, su nombre es Akeem Omoladre. Su ingresó al partido se dio en el minuto 68 y, en el mismo instante en que aquel futbolista de origen nigeriano pisaba el terreno de juego, sin más tiempo que perder, los seguidores de su propia escuadra decidieron abandonar las gradas del estadio visitante. Posterior a aquella muestra de racismo por parte de sus seguidores, los dieciocho miembros de la plantilla del Treviso decidieron salir a disputar la última jornada de la Serie B con el rostro maquillado de negro. Las fotografías y reseñas de ese Treviso vs Genoa del 2001 dieron la vuelta por todo el mundo, no solo por lo impopular que este acto resultó para su afición y para algunas regiones de Italia; sino también por las muestras de apoyo y respeto que mucha gente les brindó a los deportistas por aquel acto de solidaridad y grandeza.  Pero, quizá sin saber la trascendencia de su actuación, los jugadores del Treviso marcaron un precedente que hoy en día sigue retumbando en las oficinas de la Federación Italiana de Fútbol, el estadio Olímpico de Roma, el San Siro, el Juventus Stadium, el estadio San Paolo (recién renombrado estadio Diego Armando Maradona) y todos los recintos donde se juega al fútbol en el país con forma de bota. Su mensaje fue claro y contundente: el racismo existe en los sitios donde vivimos y, por ser una forma de degradación del ser humano, debemos de tomarlo en serio, debemos de visibilizarlo y enfrentarlo cara a cara.

Hace unos días se disputaron los cuartos de final de la Copa Italia entre el Inter y el Milán, el Derby della Madonnina, uno de los clásicos más aclamados y seguidos del fútbol mundial. En el primer tiempo del encuentro, la estrella sueca Zlatan Ibrahimović se encaró con el atacante Romelu Lukaku, el primero le dijo al segundo “llama a tu mamá y vete a hacer tus rituales vudús de mierda, pequeño asno”. La disputa verbal no fue percibida por el arbitro del encuentro, pero después las redes sociales captaron y viralizaron el intercambio de comentarios entre los atacantes. Posterior al incidente, Zlatan hizo una declaración pública donde aclaraba que, desde su punto de vista, el racismo no tenía cabida ni en su vida ni en sus actuaciones. El conflicto no pasó a mayores y los participantes fueron suspendidos con un partido de castigo, a pesar de que la Federación Italiana de Fútbol no se pronunció de forma directa sobre la posible interpretación racista de los comentarios hechos por el delantero sueco.

Sin embargo, otros sucesos no tuvieron la misma suerte y podemos rememorar un incidente acaecido al mismo atacante belga, Romelu Lukaku, cuando seguidores del Cagliari entonaron cánticos racistas en su contra. El futbolista del Inter de Milán mostró públicamente su descontento e incomodidad con la hostilidad de los fanáticos rivales, pero en lugar de recibir apoyo por parte de los tifosis nerazzuris, la Curva Nord publicó una carta que rechazaba de racistas los actos de los hinchas del equipo originario de la isla de Cerdeña. En la misiva se le comunicaba al delantero que los cánticos entonados por los aficionados italianos responden más a una cuestión de pugna y competencia deportiva, que a una cuestión de denigración a su persona por el color de su piel. Igual que en el caso vivido en el Derby della Madonnina, la Federación Italiana de Fútbol no se pronunció al respecto sobre el ambiente hostil, con expresiones claramente racistas, que generaron los seguidores del Cagliari contra el ariete belga y contra otros jugadores de color, como Moise Kean o Blaise Matuidi. Un último suceso que quisiéramos mencionar en este artículo es el encuentro disputado entre el Inter de Milán y el Napoli, partido donde el clima comenzó a tornarse un tanto tenso cuando un sector de los seguidores del equipo nerazzuri atacaron con cánticos racistas al defensa senegalés, Kalidou Koulibaly. La efervescencia de los ánimos en el San Siro creció cuando el futbolista del conjunto napolitano perdió la cabeza en una jugada y terminó siendo expulsado del juego. No obstante que los seguidores del cuadro interista lograron su cometido y obtuvieron la victoria por parte de su equipo, esto no les impidió que afuera de San Siro tuvieran una violenta confrontación contra los seguidores napolitanos, la cual dejó el saldo de cuatro personas apuñaladas y una víctima fallecida. 

Lo sucedido con el jugador Akeem Omoladre y sus compañeros, fue un primer paso hacia la búsqueda de una solución al problema del racismo que aqueja al fútbol italiano. Desafortunadamente, uno de los lugares del orbe con mayor prestigio, tanto a nivel liga como a nivel selección, no ha sabido lidiar con el gran conflicto que viven los deportistas connacionales y extranjeros. Según un informe presentado en 2019 por la Asociación Italiana de Futbolistas, el racismo es la primera causa de violencia en Italia, en donde se estima que, de 500 casos suscitados, la discriminación racial provoca aproximadamente el 41% de los sucesos. Las constantes notas informativas y los eventos deportivos recientes nos hacen pensar que el derrotero que permita salir al Calcio del embrollo, aún se encuentra bajo las espesas tinieblas de la selva oscura de la inconsciencia y de la violencia. Mientras las autoridades y los protagonistas no tomen cartas en el asunto, los amantes del fútbol tendremos que seguir presenciando el acoso de los fanáticos hacia los jugadores; también tendremos que seguir viendo nacer el infierno, y ver cómo se desbordan sus inagotables ríos de caos y dolor, cuando escuchemos el poderoso rugido del león, el escalofriante aullido de la loba y el tenebroso ronroneo del leopardo.

 

 

 

                           Escrito por Carlos Ríos

 

 

 

 

jueves, 17 de diciembre de 2020

EL MIEDO DE LA AFICIÓN AL PARTIDO

Hace un año, un buen amigo me regaló un libro muy bueno del entonces Premio Nobel de Literatura, Peter Handke. La historia es muy buena, pero lo que más me llamó la atención fue el título: El miedo del portero al penalti. Al pensarlo, no se me podía ocurrir que hubiera un jugador más adecuado para tal situación, que un arquero en un juego de fútbol.

No creo que haya un jugador con un miedo tan concreto como tal. ¿El miedo del defensa a barrerse? El “Pollo” Briseño dice que no. ¿El miedo del extremo a centrar? Jürgen. ¿El miedo del centrocampista a dar un mal pase? Marcone. ¿El miedo del delantero al tiro errado? Teófilo. No hay miedo, todos siguen adelante, toman su ducha, se van a otro equipo, se duermen y todo regresa a la normalidad. Pero para un portero es distinto recuperar la confianza y como último hombre, sería natural que sienta miedo al fallo. Pero, después de veintitrés años, el miedo también se puede transmitir a la afición.                                 

Cada cierto tiempo, hay un equipo que tiene una temporada casi perfecta. Gana, a veces golea, juega bien, trae refuerzos, y lo peor, es que hace pensar a todos que este año es el bueno. De repente llega el día más importante, se levanta todo el equipo, van al baño, se ven en el espejo y dicen, citando a Cerati, “quiero hacer cosas imposibles”. No es el contrario el que hace eso, ellos solamente cumplen presentándose al campo. Es el equipo mismo el que se levanta y da una cátedra de que cualquier adversidad es superable.

Después de un tiempo, la afición empieza a hacer una suerte de callo, una resistencia al dolor y a la decepción, o al menos, eso es lo que dicen. Yo como parte de esa afición, puedo decirles que más que un callo, se desarrolla una especie de miedo a la incertidumbre. Algunos están esperanzados en que este año será el bueno, otros están más decepcionados y esperan lo peor, pero con un poco de fe en el fondo de su corazón. En mayor o menor medida, todos tenemos el miedo a que algo suceda en el partido. Y sucede.

Lo que sucede después es un periodo de rabia, frustración, hartazgo. Aguantar las burlas de todos, hasta el que nunca ha visto un partido de fútbol, pero le gusta subirse al tren. Incluso, un amigo dijo que cruzazulearla es lo que nos une como sociedad, como mexicanos. El club es tan importante hoy en día que sin él seríamos animales apátridas. Sin embargo, después de todo, solo quedan tres cosas para el aficionado del Cruz Azul: un periodo de luto (puede ser un mes, un año, al final siempre vuelves a ver los partidos), una pizca de ilusión, y una cada vez más fuerte sensación de miedo al fracaso.

Algunos se preguntarán por qué seguimos ahí si nos molesta y nos hace sentir mal. Solamente podemos decir que es porque queremos. Si supiéramos, les diríamos. Si fuera fácil dejar de seguir a un equipo, lo haríamos. Hay algo que hace que te identifiques con el club, puede ser el color, el estilo de juego, un jugador, o que tu papá también sea aficionado del cuadro celeste. Después de eso, solamente se desarrolla el cariño. Al final, cambiar de equipo se siente como cambiar de universidad, de ciudad, de nacionalidad o de pareja. Se puede hacer, pero si conoces a alguien que lo hace con tanta facilidad, o no era un aficionado de verdad, o carece de cierta capacidad de sentir emociones.      

Gracias a Dios, no vivimos de esto, algunos hacen de esto su vida, pero no viven de esto. La mayoría de nosotros lo disfrutamos y lo sufrimos como una película, una canción, una pesadilla o un sueño. Con esto, hoy no nos queda más que aceptar las burlas, aceptar el enojo y la frustración, y seguir alentando a nuestro equipo, aunque nos duela, tolerando la incertidumbre de cada partido. Pero también nos queda seguir exigiendo, partido con partido, torneo con torneo, año con año. Nos queda alentar con dolor, pero seguir alentando. Tal vez mañana gane, tal vez no, tal vez nunca vuelva a ganar. Pero, como bien dice la Sangre Azul, “es un sentimiento que no morirá”.

Al equipo, solo una cosa: ustedes son el equipo del miedo de la afición al partido, así nos hicieron, pero no queremos que sean el equipo del miedo al éxito. Nosotros alentamos con miedo a lo que sea que pueda pasar, pero alentamos y seguiremos alentando hasta el final. Les pedimos lo mismo, pero sin miedo, dar todo hasta el final. Al fin y al cabo, el miedo ya nos lo transmitieron, ustedes ya lo pueden dejar de cargar.




                Escrito por Enrique Macedo





martes, 8 de diciembre de 2020

SI ANOTA UNOS CUANTOS MÁS, YO TAMBIÉN SERÉ MUSULMÁN


"MO SALAH, LA LA LA LA LA, LA LA LA LA! IF HE'S GOOD ENOUGH FOR YOU, HE'S GOOD ENOUGH FOR ME, IF HE SCORES ANOTHER FEW, THE I'LL BE MUSLIM TOO" 

Así canta el Kop, a la tónica de la canción “Good Enough” de Dodgy, cuando Mohamed Salah anota en Anfield. En 2018, el futbolista egipcio rompió el récord de goles anotados en una temporada de Liga Premier, con 32. Se convirtió en el primer futbolista africano en lograrlo y, en esa misma temporada, anotó más goles que tres equipos completos (West Brom, Swansea City y Huddersfield, con 31 o menos cada uno). Esa temporada 2017/2018, histórica en lo individual para Salah, fue el comienzo del ascenso de un Liverpool que a la postre terminó como campeón de Inglaterra, de Europa y del mundo entre 2019 y 2020. 

Mohamed Salah tiene los argumentos estadísticos individuales y colectivos para colocarse como uno de los futbolistas más talentosos de los últimos diez años. En una década que ha sido dominada por Messi y Ronaldo, no sorprende, sin embargo, que no figure en la conversación mediática sobre el mejor jugador del mundo. Más allá de lo que significa para sus equipos en la cancha, Mohamed Salah se engrandece y sobresale por lo que representa para toda una religión y zona geográfica.

Salah es, sin ningún tipo de disculpas, musulmán. Todo empieza con sus celebraciones. Al marcar un gol, generalmente festeja realizando el “sujud”, para el cual se pone de rodillas y se inclina hasta que toca el suelo, agradeciendo a Dios. Se trata de una veneración practicada en el Islam y se ha vuelto tan característica que ha sido incluida en los videojuegos de la serie “FIFA”. “Es algo así como una oración o un agradecimiento a Dios, por lo que he recibido”.

Para su país, Mohamed Salah se ha vuelto el referente cultural, por encima de los faraones y las pirámides. Ha sido la portada de incontables revistas, incluidas TIME y GQ. Precisamente en la entrevista para esta última, Salah declaró: “Necesitamos cambiar la forma en la que tratamos a las mujeres en nuestra cultura”. Su humildad y carisma lo han llevado a ser el futbolista musulmán más popular del norte de África y, por añadidura cultural, del mundo musulmán y Medio Oriente. Es el futbolista árabe con mayor número de seguidores en redes sociales. Es la figura indiscutida de una Selección egipcia de fútbol que llegó a la final de la Copa Africana de Naciones en 2017 y a una calificación mundialista en 2018, la cual no se lograba desde 1990. Gracias a su rol como artífice de este logro, fue renombrada con su nombre la escuela a la que acudió de niño, en su ciudad natal de Basyoun.

Es precisamente en su pueblo, Nagrig, donde el 65% de la población vive en la pobreza, que Salah decidió construir una escuela y un hospital. Su fundación, la Mohamed Salah Charity Foundation, ha dedicado recursos a más de 450 familias para que reciban un apoyo en efectivo mensualmente. Su padre, quien todavía vive en el pueblo, se ha convertido en el patrocinador de las causas de la gente local. Cuando alguien necesita algo, desde ayuda para celebrar una boda hasta un tratamiento médico, él decide ayudarles, gracias al apoyo de su hijo. Mohamed Salah es la leyenda viviente de su pueblo.

Este nivel de influencia e impacto se entiende por la popularidad del deporte que practica profesionalmente. Se trata de uno de los pocos, si no es que el único, futbolista del norte de África y musulmán que se puede codear con los mejores futbolistas del mundo, usualmente europeos o sudamericanos. Es el sueño de cualquier niño africano o musulmán hecho realidad, la evidencia palpable de que es posible llegar a ser el mejor en un deporte dominado por el Occidente.

Pero también significa y representa un puente. Si los aficionados del Liverpool, una ciudad con una mayoría étnica caucásica/anglosajona, en un cántico pueden hacerse a la idea de convertirse al Islam, las divisiones raciales y religiosas de todo un país pueden empezar a ser sanadas. El fútbol y uno de sus máximos exponentes, de nuevo, presentan la oportunidad de olvidar diferencias y unir a las comunidades por el amor al deporte y a sus practicantes más importantes.

Debido a las recientes posiciones y declaraciones de diversos personajes políticos, la islamofobia es un problema creciente en el Reino Unido y el mundo. Durante el desarrollo de la campaña para el referéndum del Brexit, los promotores del “Voto para Salir” utilizaron un discurso anti-migrante que posicionó a los musulmanes como indeseables. El actual Primer Ministro del Reino Unido ha hecho comentarios relacionados a los musulmanes, señalándoles como un pueblo que lleva “siglos de atraso”. En su campaña para elegirse como Primer Ministro, comparó a las mujeres que utilizan velos (hijab) con ladrones de bancos y comentó que parecían “buzones” de correo. El alcalde musulmán de Londres, Sadiq Khan, ha sido víctima de innumerables ataques y comentarios relacionados con su religión, los cuales han sido amplificados por su oposición política.

Las generalizaciones y estereotipos dañan a comunidades de personas enteras. En Reino Unido solamente, el 5% de la población es practicante del Islam. No solamente son ellos; a cualquier persona de origen árabe, o con rasgos de Medio Oriente, se le adjudica un prejuicio terrible que llega a poner en riesgo su vida, debido a los ataques de odio y violencia. No sobra mencionar la discriminación histórica que han sufrido los británicos-pakistanís, incluso siendo intimidados con términos como el insulto racial “paki”, que en tiempo reciente han sido atacados en conjunto con la población musulmana.

Es por ello por lo que futbolistas como Mohamed Salah son tan necesarios en el ámbito del fútbol internacional. Porque con su juego con la pelota pueden trazar lazos de unión con pueblos que políticamente han sido colocados el uno contra el otro, de manera deliberada y maliciosa. Si mediante el fútbol podemos aprender a dejar de definir a personas por su raza o religión, el fútbol de nuevo demuestra que es más importante de lo que pensamos. Si Mohamed Salah anota unos cuantos goles más, quizá la islamofobia pueda pasar a ser cosa del pasado. 

 


 

             Escrito por Fernando Alcázar