En pleno descenso de la fiebre mundialista, nunca
sobra hablar de la vanidad de las cosas, de la vanidad del fútbol. Preguntarse
si hormonar en exceso nuestras emociones nos dejará algo en el futuro. Afortunadamente,
contamos con un poema que desarrolla estas cuestiones mediante el tópico literario
latino del Ubi sunt, contándonos qué quedó en el yo de aquel que vio a
figuras de gran relieve como Alfredo Di Stéfano o Ferenc Puskás.
Sin nada más que anotar, cedemos la
palabra al maestro Luis Alberto de Cuenca.
AQUELLOS VIEJOS TIEMPOS DEL FÚTBOL
EN ESPAÑA
Aquellos viejos tiempos del fútbol
en España,
cuando un pase genial de Di Stéfano
a Puskás
borraba de un plumazo todos tus
sinsabores
de niño solitario, bulímico y
neurótico.
Tiempos en los que hubieses dado tu
alma a cambio
de un balón. Horas muertas
corriendo por el césped
imitando a tus ídolos, soñando con
jugadas
imposibles que siempre terminaban
en gol.
Tardes de los domingos marcadas por
el fútbol
que sonaba en la radio. Tardes en
que las cosas
eran mucho más dulces si tu equipo
ganaba
y mucho más amargas si tu equipo
perdía.
Qué te queda de aquello. Viejas alineaciones
que repetir delante de los viejos
amigos,
y un nudo en la garganta cuando
alguien te recuerda
los años que han pasado.




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